Vos que harías?

Ayer a medio día mi pequeño hijo me llamó al trabajo, con tono bajo y la voz entrecortada me dijo “estábamos jugando con el gato y por accidente hemos roto tu teleobjetivo”. Mi teleobjetivo profesional estaba sobre una mesa en el estudio, cerca de algunos libros en un rincón y pensé que no le estorbaba a nadie pero cuando en la casa hay niños y animales no hay nada que pueda estar a salvo. Está demostrado.
Pensé que regresaría a casa y le halaría las orejas a ambos, y hasta los huevos al gato que anda tan inquieto últimamente durante mi ausencia. El teleobjetivo me había costado 1500 dólares. Definitivamente se trataba de un juego muy poco rentable el que mi hijo y el gato se habían inventado esa mañana.
Cuando pregunté qué se había roto exactamente, la vocecita triste de mi hijo se oyó por la bocina “todo, papi, se rompió todo“. Y era verdad. Había mil pedazos de mi teleobjetivo esparcidos por el piso de la habitación.
Al oír eso le dije adiós a mi teleobjetivo, y pronuncié en mi mente un pequeño discurso conmemorando todo lo que no habíamos vivido juntos, porque estaba prácticamente nuevo. Al llegar a casa estaba muy enojado, un halo de crueldad emanaba de mí ser mientras pensaba en un castigo justo para los culpables.
Me lavé, me cambié de ropa y baje a escuchar lo que mi hijo tenía para decir: ”mira, el gato saltó y……. y entonces yo llegué y ……. cuando me vio maulló ….., y entonces yo… y luego el teleobjetivo se cayó al piso. Así fue”.

Pues está bien -le dije- Ahora vamos a tener que vender todos tus juguetes, la tableta, el portátil, el centro de audio, y alguna otra cosa para comprar con ese dinero otro teleobjetivo.
El pequeño sólo asintió con la cabeza y se fue triste para su habitación. Un rato después lo veo traer su centro de audio y ponerlo en la mesa -¿para qué traes eso?- le pregunto. -“Para luego ir a venderlo y comparte otro teleobjetivo”- dijo con una expresión tristísima en su carita…
Hacía tres meses mi hijo sufrió un trauma en la rodilla y todo ese tiempo ha estado en casa encerrado entre cuatro paredes recibiendo educación a domicilio; mi esposa y yo salimos a trabajar y él se queda en casa con el gato. Bueno, y con los tutores que vienen cada día. Es un chico de 9 años, tiene la edad en la que más se quiere saltar y desfogar toda la energía acumulada pero él no puede hacerlo, su rodilla no se lo permite. Cuando pensé en eso una sensación fría atravesó mi corazón. ¡No importa! -me di coraje- debe aprender, no hace más que jugar….. Y los pedacitos de vidrio por todo el piso, y su cuarto está desordenado… ¡Mi teleobjetivo está hecho trizas!
No le dije nada acerca del teleobjetivo, no lo regañé y no lo castigué, sólo le conté que con el dinero que cuesta comprar otro hubiéramos podido llenar su habitación de “Lego“. Quedó impresionado.

Luego recordé cómo yo había chocado el automóvil de mi papá cuando tenía 16 años. Agosto de 1989, él me había dado permiso de ir a dar una vuelta por el pueblo pero yo salí a la ruta; al intentar regresar casi pasé de largo la entrada, no calculé bien y perdí el control, el resultado fue que la joya rodante de mi papá quedara estancada en una cuneta. Tenía toda la trompa arrugada, el automóvil por el golpe y yo por el temor. Llegué a casa y conociendo a mi papá me preparé para lo peor. Él me miró, se vistió en silencio y se fue al lugar donde aún estaba enterrado el auto. Al llegar los policías de tránsito mi papá les explicó que él estaba un poco cansado y había perdido el control mientras conducía. A mí no me dijo ni una sola palabra, sólo me preguntó -¿estás bien?- Yo asentí y el respondió” pues eso es lo importante“. En ese momento decidí ir, abrazar a mi hijo y devolverle su centro de audio. Lo invité a que jugáramos un poco juntos antes de dormir.
Ningún objeto roto, especialmente si se rompió por accidente, es tan valioso como para que dos personas que se aman dañen su relación aunque sea por un día o un par de horas. Y no me importa lo que me puedan decir los pedagogos, si están de acuerdo con lo que hice o no; yo estoy satisfecho porque actué como mi papá, actué correctamente a mi modo de ver, espero que mi hijo sea el reflejo de todo lo bueno que hay en mí y un día con sus hijos recuerde lo que realmente importa”.

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