¿Qué son las emociones?

Ya que hablaremos de emociones comenzaremos por lo vivencial, dejando lo racional para más adelante. Entonces quisiera que reflexionásemos sobre las siguientes preguntas. ¿Qué sentís a nivel físico cuando estás enojado? ¿Qué pasa con tus músculos y latidos del corazón? ¿Notás cambios en tu piel y ritmos respiratorios? Y en la voz, ¿algún cambio? A nivel físico sentimos tensión muscular, taquicardia, aumento de la irrigación sanguínea (piel colorada), aumento de la temperatura y los ritmos respiratorios, etc. Con este simple experimento seguramente todos concluiremos que estos cambios indican un aumento de la energía. Esto es así porque la emoción es pura energía. No te extrañará que lo que acabás de descubrir coincida con el significado etimológico de la palabra “emoción”, que proviene del latín y quiere decir moción, movimiento, impulso que induce a la acción. La emoción, entonces, motiva a la acción. Así, cuando estamos enamorados nos sentimos motivados a hacer cualquier cosa por la persona que amamos; del mismo modo, si amamos nuestro trabajo o un objetivo a cumplir, estamos motivados para levantarnos temprano todos los días y salir a trabajar. También cuando experimentamos el sentimiento opuesto, y odiamos algo o a alguien, estamos motivados para establecer un límite entre nosotros y aquello que nos molesta, y hasta llegamos a buscar su destrucción. Asimismo, el miedo nos motiva a tomar distancia de una situación temida, como la alegría o el placer nos inducen a repetir aquello que nos produce dicha. Así, todas las emociones son pura energía, excepto la tristeza en sus primeras etapas, como veremos más adelante. En este sentido, Fritz Perls, un reconocido autor de psicología, dice de las emociones: “son la fuerza básica que energiza toda nuestra acción”. Son el motor del hombre que moviliza los medios para la satisfacción de las necesidades.

Desde la psiquiatría clásica las emociones son definidas como afectos bruscos y agudos desencadenados a partir de una percepción (externa o interna) o representación, y tienen abundante correlación somática. Suelen ser poco duraderas, si bien hay notables excepciones. El estímulo puede ser real, imaginario o simbólico, o simplemente desconocido, como ocurre con frecuencia en las crisis de angustia (panic attacks). El miedo, la cólera y la angustia son ejemplos de emociones , las cuales no deben ser entendidas como patológicas, como veremos. Las manifestaciones fisiológicas que acompañan a las emociones son variadas: reacciones vasomotoras, intestinales (diarrea), secretoras (sudoración, lagrimeo), renales (poliuria), musculares lisas (espasmos), circulatorias (taquicardia, cambios tensionales), respiratorias (taquipnea, disnea), descenso de la resistencia eléctrica de la piel (reflejo psico-galvánico), etc. Muchas de estas respuestas son objetivables y se pueden registrar (poligrafía). Todos estos signos son muy importantes, porque nos ayudan a reconocer qué tipo de emoción tenemos. Desde una simple sonrisa hasta una lágrima, estos indicios nos están diciendo mucho acerca del afecto que subyace. En la emoción se produce un desequilibrio psíquico y somático que actúa como estimulante para movilizar los mecanismos de adaptación del individuo frente al estímulo. Pero la reacción del individuo no sólo depende del agente que la provoca, sino también de su propia reactividad (temperamento). A veces la reacción favorecerá a la conducta adaptativa, pero en otros casos su desproporción cuantitativa o cualitativa puede desorganizar el comportamiento del sujeto. Las emociones están en constante pujanza por ser liberadas o descargadas. Es por ello que es tan importante que hallemos una forma de expresión adecuada para ellas, y mucho mejor si las canalizamos productivamente beneficiándonos de su energía. En esto reside nuestra libertad con respecto a las emociones: en poder utilizarlas en nuestro beneficio procurando el mejor camino para su expresión. Esto es nuestra elección y por tanto nuestra responsabilidad. Las emociones representan un tesoro valioso que no debemos ignorar. Justamente de esto trata el tercer eje de la IE: de Auto-motivación, donde se busca utilizar la energía emocional en forma productiva. Para ejemplificar,  expongo el discurso pronunciado por Steve Jobs el 12 de Junio de 2005 en la ceremonia de graduación de la Universidad de Stanford. Jobs es el dueño de una de las fábricas de computadoras más grande del mundo, Apple Computer, y de Pixar Animation Studios, donde se creó Toy Story, la primera película animada por computadora del mundo. Decía Jobs a los graduados: “Tienen que encontrar eso que aman. […] No todo fue romántico. No tenía dormitorio, dormía en el piso de los dormitorios de amigos, llevaba botellas de Coca Cola a los depósitos de 5 centavos para comprar comida y caminaba 11 kilómetros, cruzando la ciudad todos los domingos en la noche para conseguir una buena comida a la semana en el templo Hare Krishna. Me encantaba […]. Yo fui afortunado: descubrí lo que amaba hacer temprano en la vida. Woz y yo comenzamos Apple en el garaje de mis padres cuando tenía 20 años. Trabajamos duro y en 10 años Apple había crecido a partir de nosotros dos en un garaje, transformándose en una compañía de US$ 2 mil millones con más de 4.000 empleados. Recién habíamos presentado nuestra más grandiosa creación –la Macintosh– un año antes, y yo recién había cumplido los 30. Y luego me despidieron. ¿Cómo te pueden despedir de una compañía que comenzaste? Bien, debido al crecimiento de Apple contratamos a alguien que pensé que era muy talentoso para dirigir la compañía conmigo, y los primeros años las cosas marcharon bien. Sin embargo, nuestras visiones del futuro empezaron a desviarse y finalmente tuvimos un tropiezo. Cuando ocurrió, la Junta del Directorio lo respaldó a él. De ese modo a los 30 años yo estaba afuera. Y muy publicitadamente fuera. Había desaparecido aquello que había sido el centro de toda mi vida adulta. Fue devastador. Por unos cuantos meses, realmente no supe qué hacer. Sentía que había decepcionado a la generación anterior de empresarios, que había dejado caer el testimonio cuando me lo estaban pasando. Me encontré con David Packard y Bob Noyce e intenté disculparme por haberlo echado todo a perder tan estrepitosamente. Fue un absoluto fracaso público e incluso pensaba en alejarme del valle. No obstante, lentamente comencé a entender algo: yo todavía amaba lo que hacía. El revés ocurrido con Apple no había cambiado eso ni un milímetro. Había sido rechazado, pero seguía enamorado. Y así decidí comenzar de nuevo. En ese entonces no lo entendí, pero sucedió que ser despedido de Apple fue lo mejor que podía haberme pasado. La pesadez de ser exitoso fue reemplazada por la liviandad de ser un principiante otra vez, menos seguro de todo. Me liberó para entrar en una de las etapas más creativas de mi vida. Durante los siguientes cinco años comencé una compañía llamada NeXT, otra compañía llamada Pixar, y me enamoré de una asombrosa mujer que se convirtió en mi esposa. Pixar continuó y creó la primera película en el mundo animada por computadora, Toy Story, y ahora es el estudio de animación más exitoso a nivel mundial. En un notable giro de los hechos, Apple compró NeXT, regresé a Apple y la tecnología que desarrollamos en NeXT constituye el corazón del actual renacimiento de Apple. Además, con Laurene tenemos una maravillosa familia. Estoy muy seguro de que nada de esto habría sucedido si no me hubiesen despedido de Apple. Fue una amarga medicina, pero creo que el paciente la necesitaba. En ocasiones la vida te golpea con un ladrillo en la cabeza. No pierdan la fe. Estoy convencido de que lo único que me permitió seguir fue que yo amaba lo que hacía. Tienen que encontrar eso que aman. Y eso es tan válido para su trabajo como para sus amores. Su trabajo va a llenar gran parte de sus vidas y la única manera de sentirse realmente satisfechos es hacer aquello que creen es un gran trabajo. Y la única forma de hacer un gran trabajo es amando lo que hacen. Si todavía no lo han encontrado, sigan buscando. No se detengan. Al igual que con los asuntos del corazón, sabrán cuando lo encuentren. Y al igual que cualquier relación importante, mejora con el paso de los años. Así que sigan buscando hasta que lo encuentren. No se detengan”. Este es un testimonio de una exitosa persona de negocios que reconoce que sus logros se debieron principalmente a que amaba lo que hacía. Fue este sentimiento lo que le dio la energía para comenzar y levantarse cuando había caído de manera humillante. Sin lugar a dudas se trata de una persona inteligente, al igual que muchas otras, pero fue un profundo compromiso y amor por lo que hacía lo que lo llevó a alcanzar sus logros. Jobs supo estar en contacto con sus emociones, que le dieron la fuerza y perseverancia necesarias para poder resistir el desgaste que a menudo ocasiona una falta de recompensas externas, como lo es la pobreza.
Además de energía, las emociones son información auténtica. Para que veamos claramente esto de la información voy a hacer otro experimento. En general la mayoría de la información que recibimos proviene de los sentidos, pero ¿qué sentido te dice que tu profesión, hobbie u oficio es el indicado para vos? ¿Acaso es el olfato? ¿Huele bien tu profesión? ¿Es el gusto? ¿Tiene rico sabor lo que hacés? ¿Es por la vista que te gustan tus actividades? ¿Textura suave o un sonido agradable? Seguramente con cara de extrañado me dirás que no es por su olor ni por su sabor o textura que te gusta lo que hacés, sino porque simplemente te hace sentir bien. Y esto lo sabés gracias a las emociones. Cuando sentís placer o amor, eso que estás haciendo es lo tuyo. Pero cuando viene en forma constante la angustia o el miedo, tales emociones te advierten que ahí no está tu lugar.
¿Te acordás del secreto que le dijo el zorro al Principito? “No se ve bien si no es con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos”. Lo esencial en tu vida no podrás percibirlo con los sentidos, sino con las emociones. Por ello las emociones son el sexto sentido, el único que te permite ver lo esencial. Si me preguntás a mí qué son las emociones, te digo que son una brújula. Son algo mágico, un magnetismo invisible que indica tu camino, ese camino que es único para un ser único, vos. Un magnetismo que marca lo esencial en tu vida. Las emociones también te dan la fuerza y perseverancia propias de la brújula. No importa cuántas veces la gires, tuerzas y retuerzas, siempre te dirá cuál es el norte. Las emociones son la brújula que muestra nuestra verdad. Cuando estés perdido, cerrá los ojos y el camino aparecerá. Porque el camino hacia lo que amamos está señalizado en nuestro interior. De esta manera las emociones tienen una doble función: son pura energía (combustible del alma) y son una señal que nos provee valiosísima información. Durante mi paso por el hospital Guillermo Rawson de San Juan, en el que desempeñé labores en el servicio de psiquiatría, trabajábamos con pacientes que además de problemas psicológicos, psiquiátricos y existenciales, a veces tenían insuficiencia renal, diabetes, celiaquías, cánceres, etc. Es decir, personas con patologías cuyo tratamiento era de difícil adhesión. Para lograr que pudiesen cumplir con el tratamiento y adquirir un hábito de vida que les permitiese mejorar, en ocasiones debíamos averiguar si la persona tenía seres queridos por quienes hacer el tratamiento, dado que a menudo lo doloroso y restrictivo de algunos procedimientos médicos los desgastaban hasta hacerles perder toda motivación, e incluso el sentido de sus vidas. Es decir, indagábamos acerca del por qué vivir (un hermano, la pareja, los hijos, etc.) que les ayudara a soportar el cómo. De esta manera, el amor que sentían por sus seres queridos resignificaba y vitalizaba los esfuerzos para soportar los tratamientos que permitían a los pacientes seguir con vida. Este es otro ejemplo de cómo las emociones pueden darnos la energía para sanar y alcanzar nuestros objetivos. Sólo está en nosotros la decisión de utilizarla en nuestro beneficio. Como decía Friedrich Nietzsche: “Quien tiene algo por qué vivir es capaz de soportar cualquier cómo.”

 

Autor: Lic. Lucas J.J Malaisi

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