Peleas entre hermanos

En toda familia donde haya niños habrá risas, corridas, gritos, llantos… Y peleas entre hermanos. Son inevitables y por ello normales, principalmente durante la infancia.
El grupo de hermanos es conocido como el primer laboratorio social, donde aprendemos a cooperar, compartir, expresar emociones, negociar, competir, entre otras conductas.

Los disparadores para las riñas entre hermanos son muy variados: pueden disputarse un juguete, una porción de comida, lugares en el auto o la mesa, el televisor… Pero hay un motivo que, aunque menos obvio para ellos, es muy frecuente e importante: los celos. Los niños fácilmente pelean por el amor y la atención de sus padres, aunque difícilmente verbalicen sus razones. Buscan “conquistar más terreno y privilegios”, por lo que suelen ver con poco agrado que le compren algo a un hermano, lo elogien o compartan tiempo con él.  En efecto, muchas rabietas y peleas son iniciadas por los niños para llamar la atención y buscar el apoyo de los padres, intentando que tomen partido por ellos. Este comportamiento, e inclusive otros peores, son muy frecuentes ante la aparición de un hermanito recién nacido, que viene a “robarse” el amor y la atención que les daban a ellos.

Entonces, es muy importante la actitud que toman los padres ante la pelea de hermanos. Ya se trate de celos o de una disputa, deben saber que no es bueno ponerse de parte de ninguno de los niños. La intervención debe tener las mismas características que la puesta de cualquier otro límite. Estará dirigida a corregir el modo de resolver el problema,  desaprobando y reprendiendo en ambos la pelea, para luego sí transmitir un criterio para compartir, en el que se les enseñe a respetar tiempos y turnos, porciones, lugares, gustos y necesidades de cada uno con reglas claras. Pedirles que se escuchen mutuamente y se pongan en el lugar del otro es un ejercicio que los aleja de sus caprichos y los ayuda a desarrollar la empatía. Connotar positivamente, mediante felicitaciones y manifestaciones de afecto, las reconciliaciones, la empatía, la honestidad y el valor de la hermandad y la amistad ayudará a que hagan de estas habilidades un hábito del que se enorgullecerán. Pero para que esto suceda alguien debe reconocer y valorarles el esfuerzo. Cuando sea necesario, entablar una conversación sincera y frontal respecto de los celos les permitirá que vean, acepten y comprendan las razones de muchas de sus reyertas, recordándoles que el amor de los padres es igual de infinito para ambos.

Por otro lado, es bueno saber que establecer comparaciones no ayuda, ya que se corre el riesgo de proteger al más “indefenso”, pequeño o afectado, generando en él una dependencia a un otro que lo defienda en todo momento. Esto lo desprotege aun más a futuro, pues le quitamos las oportunidades de desarrollar los recursos para resolver por cuenta propia sus conflictos. A su vez, el más “grande” o el que se muestre menos afectado puede sentirse muy solo e incomprendido ante un veredicto basado en las diferencias con su hermano y no en la situación particular (lo que seguramente generará en él un sentimiento de rencor e impotencia).

Otro aspecto muy importante es la relación de pareja de sus padres y el modo en que éstos resuelven sus problemas y diferencias, ya que los niños aprenden por imitación, tendiendo a repetir los comportamientos que observan. Además, cuidar estos aspectos de la pareja transmite seguridad y coherencia al niño, toda vez que se le explica lo mismo que se le muestra (en lugar de ofrecerle un doble mensaje que pregone lo opuesto a lo que se le enseña con el ejemplo). También en este sentido las intervenciones de los padres deben ser siempre calmas.

Muchos juegos asumen la forma de luchas de gladiadores, boxeadores u otros tipos de guerreros, en las que fácilmente puede subir el tono de las agresiones y resultar dañado algún niño, por lo que los adultos deben tener un ojo puesto en estas prácticas, marcando los límites entre lo sano y lo agresivo. Asimismo, es absolutamente necesario vigilar y explicarles las películas y los programas de televisión que ven, ya que éstos son otra fuente de la que los niños aprenden conductas.

El secreto es que las peleas son una de las tantas formas que encuentran los niños de resolver problemas, descargando tensiones y enfatizando un mensaje. Por lo cual es nuestra responsabilidad mostrarles un abanico de opciones más variado en lo que respecta a las posibles soluciones de un problema. Sin embargo es importante que padres y docentes aprovechen y valoren las disputas como el escenario que brinda la oportunidad de que los niños aprendan a ceder y a compartir, como así también a expresar puntos de vista, necesidades y emociones. Estas son habilidades que en general se aprenden y practican in situ, al igual que a nadar se aprende nadando.

Extracto del libro “Descubriendo mis emociones y habilidades – 2da Edición” – Lic. Lucas J.J Malaisi