El cambio en el aula

En la actualidad el ligero ritmo de vida impuesto por las exigencias sociales y económicas hace que en muchas familias sean ambos padres los que tengan que trabajar. Entonces los padres pasan menos tiempo con sus hijos, o bien aquellos que tienen la posibilidad de estar más tiempo con ellos no están siempre prestos para impartir enseñanzas emocionales. Además, los niños de hoy pasan gran parte del día frente al televisor o frente a una computadora disparando virtualmente contra un rival, entretenidos con sus celulares o navegando en internet. Sin embargo, los niños desde muy temprana edad comienzan a pasar gran parte de su tiempo en convivencia con sus pares dentro de un aula. Por lo tanto, la escuela cumple una función importantísima en el desarrollo de los chicos, pues constituye un lugar trascendental donde pueden ofrecerse los correctivos para las deficiencias de los niños en las aptitudes sociales y emocionales. Esta tarea exige dos cambios importantes: que los maestros vayan más allá de su misión tradicional, y que los miembros de la comunidad se involucren más con la actividad escolar.
El hecho de que haya o no una clase específicamente dedicada a la EE puede importar mucho menos que cómo son enseñadas estas lecciones, puesto que en general se trata de una educación transversal a los contenidos curriculares, ya que la EE se puede enseñar en una forma aplicada a otros conceptos. Las emociones, como vimos, están presentes en todo lo que hacemos, hilvanan cada conducta que tenemos.
Daniel Goleman afirma que existe una selección natural en el tipo de maestros que se sienten atraídos hacia clases como éstas, porque no todo el mundo se adapta a ellas, por cuestiones de temperamento. En principio, no todos los maestros se sienten cómodos hablando de sentimientos. Hay poco o nada en la formación tradicional de un maestro que lo prepare paraesta clase de enseñanza. Es por ello que como primera medida para el cambio se necesita instruir bien al docente sobre estos conceptos y respecto de su autodominio emocional.
Si dijimos que el CE es aprendido, y por tanto puede enseñarse, comencemos por realizar la siguiente pregunta para poder reflexionar acerca de si necesario o no implementar EE.
¿Por qué no enseñar las habilidades emocionales en las escuelas?
Es curioso el hecho de que en los libros de psiquiatría se proponen, como tratamiento para los trastornos por problemas de conducta de los jóvenes, técnicas re-educativas. En otras palabras: una re-educación de los malos hábitos.

Estos tratamientos están basados en la enseñanza de habilidades cognitivas para la resolución de problemas mediante juegos, actividades escolares y narraciones15; un buen entrenamiento del auto-control para que el niño aprenda a regular su conducta en forma eficaz, basado en principios del aprendizaje de la modificación de la conducta; una buena educación y entrenamiento educativo de los padres y la aplicación de medidas preventivas a edades tempranas.
Pero si se tiene en cuenta que a los niños se les enseñan las habilidades académicas mucho antes de que las necesiten, mucho antes de que sean aplicables en la vida real, ¿por qué no enseñarles habilidades emocionales, tan importantes para el desarrollo personal, antes de que desarrollen trastornos del comportamiento o alguna otra sintomatología? ¿Es necesario esperar a que estos trastornos aparezcan para re-educar los comportamientos de los niños?

Si preparamos a los niños académicamente para que cuando necesiten escribir o sumar en sus vidas adultas sepan hacerlo, ¿por qué no enseñarles las habilidades emocionales, que tanto van a necesitar a lo largo de toda la vida? ¿Tenemos que esperar a que enfermen para recién entonces hacer una corrección o re-educación de los malos hábitos?
En este punto siempre cuento un cuento representativo de esta situación.

Un señor caminaba junto a un río en busca de un buen lugar para pescar. Se dirigía río abajo mirando el agua, buscando dónde estaba más tranquila. Cuando de pronto divisa a lo lejos, y con dificultad, algo que se mueve en el agua. Entonces el hombre fija su mirada y con su mano se hace sombra para poder ver de qué se trataba aquello que parecía ser una persona.
Efectivamente, aquello que se veía en el agua era una persona que agitaba sus brazos como cuando un amigo ve a otro en medio de una multitud e intenta llamarlo.
Pero el hombre no tardó en darse cuenta de que el otro no lo estaba saludando.
Estaba pidiendo auxilio desesperadamente. Cuando la corriente del río lo acercó un poco hacia nuestro pescador, éste pudo escuchar sus gritos desesperados de “¡¡¡Auxilio por favor!!!” que el hombre balbuceaba con gran dificultad, mientras peleaba por mantenerse a flote. Así es que el pescador soltó su caña y sin pensarlo corrió hasta una pequeña península por la que segundos más tarde pasaba el ahogado. Le extendió la mano y afortunadamente lo sujetó del brazo. Lo arrastró desesperado a tierra firme.
Más tarde, cuando ambos estaban recuperados de tal situación, percibieron que otra persona se encontraba en igual desafortunada circunstancia. Entonces ambos
se pusieron de pie y corrieron a ayudarlo. Felizmente pudieron rescatarlo del río también.
Pero no pasaron muchos segundos hasta que aparecieran en escena otros dos, agazapados a un tronco que se hundía. Sin tener tiempo para recuperarse, entre los
tres sujetaron a estos otros dos para sacarlos del río también.
Pronto este grupo de personas que rescataba ahogados, y que se había erigido ya en un auténtico grupo de rescate, ascendía a unos diez miembros, pero extrañamente
también aumentaba el número de ahogados. Ahora pasaban de a tres y hasta de a cinco y luego de a siete por vez. Pero desgraciadamente en este punto no todos podían ser rescatados. A pesar de los esfuerzos y la organización de los que estaban en tierra, algunos pasaban de largo… Este grupo no daba abasto y varios no pudieron ser rescatados.
Así es que dos de los rescatistas decidieron investigar qué pasaba, dónde era que caía tanta gente. Mientras los demás seguían rescatando ahogados, que no cesaban de pasar, emprendieron camino río arriba. Corrieron varios kilómetros hasta que llegaron al origen del problema. Se veía claramente qué pasaba. Se trataba de un puente que cruzaba el río de un lado al otro y no estaba en muy buen estado. En efecto, le faltaban varios listones de madera que formaban parte del suelo, dejando de este modo amplios agujeros por donde caían los peatones que intentaban cruzarlo.
Al darse cuenta del problema, los dos hombres se dispusieron a enseñarle a la gente cómo cruzar este puente. Les transmitieron ciertas habilidades que necesariamente el puente requería para poder ser cruzado. Ayudaban a las personas antes de que cayeran al agua, para evitar que cayeran. A partir de estas enseñanzas disminuyó el número de ahogados, con lo cual el grupo de rescatistas no se vio más desbordado por la situación.

Los gabinetes psicopedagógicos hoy en día no dan abasto. Se ven desbordados por una sobredemanda. Si nos proyectamos hacia el futuro, unos pocos “años vista” nada más, concluiremos fácilmente que, de no hacer nada hoy para evitar que enfermen los niños, la situación será verdaderamente insostenible. La ayuda va a llegar demasiado tarde si se continúa trabajando desde los gabinetes con chicos que ya tienen el problema. Es en este sentido que considero debemos salir a buscar los problemas, y no esperar a que lleguen, pues cuando llegan ya es tarde.
Es necesario trabajar hoy con el niño sano para mantenerlo así. Es de vital importancia hacer promoción de la salud: darles a los niños enseñanzas y herramientas para que puedan “cruzar el puente”, que no es el mismo que cruzaron sus padres. Hoy en día la situación socio-económica y cultural no es la misma. En nuestros días el puente carece de muchas más maderas que antes, tiene más huecos a través de los cuales pueden los niños caer al río. Los chicos de hoy tienen acceso a drogas, alcohol, pornografía, tabaco y sexo, y gozan de mayor libertad, tanto social como cultural. Es imperiosa una ayuda organizada de todos y cada uno de nosotros.

“El mundo es un lugar peligroso, no sólo por aquellos que hacen el mal, sino también por aquellos que miran y no hacen nada.”
Albert Einstein

Autor: Lic. Lucas J.J Malaisi

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