Disfunciones sexuales

Lo sexual -así como el sueño, la risa y la felicidad- lisa y llanamente ¡no obedece a la voluntad! Estos son fenómenos que acontecen espontáneamente cuando te dejás llevar por la inmediatez del momento. Sólo cuando uno se permite experienciar el momento sin la rigidez de los “deberías” está verdaderamente conectado con lo que está pasando. Porque cuando uno está demasiado pendiente de sus pensamientos o inmerso en su autodiálogo, desarrolla una autoconciencia demasiado elevada sobre ciertos aspectos; entonces la atención, en lugar de estar fluyendo en el sentir sensual, está puesta en los pensamientos o, más precisamente, en el autodiálogo, obstruyendo el proceso de sentir.
Lo que pasa con lo sexual es muy simple. Para entenderlo bien voy a bajar a lo concreto y dejar esto bien claro con un ejemplo hipotético. Seas hombre o mujer, si tenés una vida sexual activa estoy seguro de que al menos una vez en tu vida experimentaste alguna situación más o menos parecida. Si tenías una cita muy importante porque la persona con la que salías era la de tus sueños, seguro te pusiste nervioso. Es muy probable que recuerdes que te comportaste como un idiota, diciendo cosas que no eran oportunas o tropezando con cuanto escalón había en el lugar. Quizá después de la cita te quedaste un día entero lamentándote: “Por qué dije eso, por qué dije eso”, en un autodiálogo tortuoso. He “escuchado” anécdotas graciosísimas al respecto, pero no me voy a explayar aquí sobre ellas, porque sé que vos también debés tener algunos ejemplos en mente. El caso es que al idealizar a esa persona (cosa que naturalmente pasa cuando alguien nos gusta mucho) le das demasiada importancia a la cita, y como es tan pero tan importante este evento, querés que todo salga bien. Es este simple deseo de que todo salga bien lo que puede transformarse en un rígido debería, en un “Me muero si me va mal, no me puede ir mal, debo hacer todo bien”. Este autodiálogo hace que percibas la situación como importantísima, y cuando algo es clasificado tan alto en un orden jerárquico, cualquier error es inadmisible. Entonces estarás demasiado pendiente de que todo salga bien, “rigidizando” el encuentro. Hete aquí el problema. Le estás indicando a tu amígdala que estás en una situación peligrosa, una situación amenazante, como cruzar un precipicio haciendo equilibrio sobre una cuerda: un paso en falso puede costarte caer al abismo. De modo que la amígdala obedecerá poniéndote en modo defensa, activando consecuentemente el sistema simpático. Cuando estás en este modo, como vimos, tus recursos están a disposición de la defensa, y no de la creatividad.
Ahora bien, suponiendo que avanza la cuestión y llega el gran momento… Redobles, platillos y trompetas triunfales anticipan solemnemente que viene… pero miren que viene… ya sin dejarte dormir desde hace unos días… el momento del acto sexual. Permitime dejarlo en claro: el modo defensa no es el dominio de acción oportuno (ni por cerca) para el acto sexual. El modo adecuado en este caso, para hombres y mujeres, es sin lugar a dudas el creativo. ¿Por qué? Muy simple: porque el modo creativo activa el sistema parasimpático. Durante la erección del pene y el clítoris, el tejido genital ingurgita sangre, y esta ingurgitación vascular inicial está controlada por la división parasimpática. En el hombre, los nervios parasimpáticos producen vasodilatación de las arterias y aumentan mucho el flujo sanguíneo del tejido eréctil. En la mujer, aunque se reconoce que el músculo uterino se encuentra en gran parte bajo control hormonal, la inervación parasimpática puede causar relajación uterina y vasodilatación, mientras que las fibras simpáticas tienen el efecto opuesto XLIV. Es decir que en modo defensa las fibras simpáticas (que no tienen nada de simpático) quitan la irrigación sanguínea de los órganos sexuales y la envían a la musculatura estriada o voluntaria (brazos y piernas, por ejemplo), haciendo que los órganos sexuales se retraigan. -¡Oh, no! ¡No sólo que no tendré una erección, sino que me estás diciendo que ¿mi pito/vagina se achica?! –Sí.
Aquí es pertinente hacer una aclaración. Es evidente que los autodiálogos que tengas atestiguarán dónde está tu foco de atención. Si te decís con total naturalidad cosas como “Soy un tigre”, “Soy una mujer demasiado sexy”, “¡Qué sex-appeal que tengo!”, te mantendrás en modo creativo, con todos los recursos a tu disposición. Pero si estás pensando y diciéndote a vos mismo “Tengo que disfrutar”, “Le voy a mostrar qué buena/o soy en la cama”, o si te decís cosas positivas pero que no creés, te pondrás presiones que harán que ingreses en modo defensa. Incluso lo que he mencionado también vale cuando estás en el acto sexual mismo. Frases como “No me tengo que ir sola/o”, “Me parece que eso no le gusta”, “Qué me pasa”, son autodiálogos que te pueden poner en modo defensa. Demasiada autoconciencia no es buena, puesto que pondrás el foco de tu atención en tus pensamientos y no en tu sentir; o bien en cualquier lado menos en la inmediatez del momento.
La interacción verbal con tu compañera/o puede hacer bastante para mejorar o dificultar la cuestión. Si existe una conversación que “te caliente”, en la que la otra persona te relate lo mucho que está disfrutando, puede que te desinhibas y vayas por mucho más; pero si la interacción es más bien nula o da indicios de que tu pareja la pasaba mejor con su partenaire anterior, corrés el riesgo de ingresar súbitamente en modo defensa, con todo lo que ello implica. Cada uno tiene sus rituales o anclajes que lo calientan o lo enfrían, sólo hay que saber usarlos.
¿Pero cómo hago para revertir esta situación? ¿Cómo hago para no pensar en algo que me preocupa? ¿Cómo salgo de este callejón sin salida? Muy simple: ¡salga por donde entró! Todo callejón sin salida tiene su “exit” en la entrada. Es decir, hay que desandar el camino andado, que no es otro que el de la preocupación. Si tu autodiálogo es del estilo “Tengo que decir algo gracioso, pasamos varios segundos en silencio”, “Tendríamos que estar haciendo algo más divertido”, “No estoy bien vestido”, “No estoy teniendo una buena performance”, “No está gozando”… estarás rigidizando cada vez más el encuentro, midiendo y calculando lo que debería darse naturalmente y de la mano del placer, si te dejaras llevar.
Por ello en el sexo la meta es olvidarse de los deberías y de los mandatos sociales. Necesidad de control y sexo no son compatibles. Por el contrario, soltar, dejarse llevar y sentir son la fórmula del placer sexual. La ley que rige en el sexo es la locura, la no-ley, de modo que abandonarse es el camino “seguro” para sentir intensamente. Cada vez que pensás dejás de sentir.
Para algunos más, para otros menos, cambiar racionalismo por salvajismo no viene nada mal. Recordá que el sexo está biológicamente diseñado para mantener la especie, es decir, se trata de una de nuestras funciones más animales, por lo tanto no se lleva muy bien con el pensamiento.
Pero quizá esto sea mucho pedir para el neurótico narcisista que está demasiado pendiente de los qué dirán. Si tan sólo comprendiese el valor de abandonar las exigencias de complacer, agradar o ser el (leer con voz de locutor) “number one”… Yo propongo tomarse las cosas con humor y reír de los fiascos sexuales. Dice Wayne Dyer: “Cuando te sorprendas hablando sólo o con otro de tus proezas sexuales, ¡detenete! Si hablás y presumís constantemente de tus actividades sexuales ejercerás una presión sobre vos mismo, obligándote a ser fiel a ese estatus sexual imaginario, o sea, a esa imagen sexual que intentás proyectar hacia otros”.
Es importantísimo entender que lo sexual no se reduce al orgasmo (ni a lo que acontece en sus inmediaciones temporales), sino que es un encuentro que empieza mucho antes y no debe ser forzado. Pasar tiempo juntos y riendo con la otra persona, prodigarse besos y abrazos revoloteando desnudos es una buena forma de que tu amígdala entienda que no hay peligro alguno.

Extracto del libro “Modo Creativo” – Lic. Lucas J.J Malaisi